Fruta poco apetecible a los ojos

Antes de comérmelo, una foto para Instagram

Hace unos días necesitaba hacer una pequeña compra y por tener prisa acabé comprando la verdura en un supermercado. La sorpresa llegó al ir a pagar a la caja (con muchos remordimientos internos), cuando el señor que me atendía, cogió la berenjena que yo traía y me preguntó si todas las demás que había en el supermercado eran como esa. Yo sin entender qué le pasaba a mi berenjena le dije que sí, que todas eran iguales, a lo que el señor se sobresaltó y empezó a disculparse.

Aparentemente era demasiado pequeña y (no lo suficientemente bonita) y tenían problemas con la empresa agrícola que se las suministraba, por este mismo motivo. Yo por mi parte insistí en que quería la berenjena y me fui asustada de como ya ni los alimentos se salvan de los cánones de estética impuestos por la sociedad. Y es que una vez los alimentos han llegado a los supermercados ya han pasado por varios procesos de selección.

La primera de estas cribas sucede en el campo, donde la fruta o la verdura que no cumple con el tamaño establecido o presentan alguna “deformidad”, mancha o “defecto” no es recogida. Después de esto, al llegar a las plantas empaquetadoras, los alimentos se dividen por peso (según exija el mercado) y aquellos que estén por debajo del mínimo se descartan.

En el mejor de los casos estos desechos son reaprovechados para hacer compost o piensos, sin embargo, duele ver cuanta cantidad de comida es desechada antes incluso de llegar a los mercados. Según estudios de la FAO un tercio de los alimentos producidos a nivel mundial son desperdiciados. Y el número aumenta al 45% de alimento desperdiciado en el caso de la fruta y la verdura, debido principalmente a esta criba estética.

La separación de la humanidad y la naturaleza nos ha llevado a perder la perspectiva de lo que es realmente importante y juzgar de manera equivocado los alimentos, ya que somos los únicos animales que se basan en la estética para elegir su comida. Resulta ilógico que le demos más importancia al aspecto que a lo que resulta verdaderamente valioso: la composición nutricional.

Así los supermercados nos acostumbran a unos altos e irreales estándares estéticos, que obliga a los comercios minoristas a tener estos mismos niveles de estética para poder seducir a los consumidores. E incluso cuando empezamos un huerto y no logramos una cosecha tan homogénea y perfecta pensamos que es porque hemos fallado en algo.

No obstante, no hay que desanimarse ya es posible no formar parte de esta escabechina alimentaria. Obteniendo los alimentos en mercadillos del agricultor, mediante grupos de consumo, pidiendo cestas de verduras a domicilio, comprando directamente en fincas o creando tu propio huerto son sólo algunas de las maneras en las que podemos ayudar.

Asimismo, debemos apoyar a todos los productores que salgan de este sistema de consumo tan ilógico que nos han impuesto ya que ellos no son parte del problema sino de la solución.

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